El diario The Jerusalem Post informó en días recientes que el Departamento de Defensa de Estados Unidos acordó vender a Israel mil bombas antibunker y otros equipos militares por valor de 77 millones de dólares.
Se trata de misiles GBU-39 teledirigidos, y según diversos órganos de prensa el uso de dicho ese armamento puede ser clave para la destrucción de instalaciones nucleares iraníes.
En el año 2006, Israel utilizó los GBU-39 en la pasada guerra contra el Líbano, en la cual causaron miles de muertos y heridos y provocaron cuantiosas pérdidas materiales.
No hay dudas de que Israel es el “infante terrible” de Estados Unidos, y el más fiel aliado y gendarme de sus intereses imperialistas en el Oriente Medio.
Para permitirle cumplir con éxito esa misión, Washington ha dotado a Tel Aviv de una poderosa maquinaria de guerra y de permanente asesoramiento militar.
De 1949 al 2007, Israel recibió más de 160 mil millones dólares de ayuda directa de Estados Unidos en modernos armamentos para sostener sus guerras de agresión expansionistas contra los pueblos árabes. En la actualidad tan prodiga asistencia bélica supera los tres mil millones de dólares anuales.
Las partidas asignadas a Tel Aviv representan aproximadamente más de un tercio del presupuesto anual de la ayuda exterior estadounidense.
La relación carnal entre Washington y Tel Aviv no se limita a la venta de moderno armamento, el gobierno israelita tiene también acceso privilegiado a la tecnología militar estadounidense.
La ayuda del Pentágono a los proyectos tecnológicos sionistas ha permitido a Israel contar con una potente industria armamentista, que produce aviones, tanques, barcos, misiles de corto y mediano alcance e intercontinentales, y hasta armas nucleares.
Israel, que integra el selecto club atómico, posee cerca de 200 ojivas nucleares, capacidad letal lograda con la asistencia tecnológica de otras potencias imperialistas, pero nunca ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968.
En su última visita a la Casa Blanca meses para encontrarse con el presidente George W. Bush, el corrupto y defenestrado líder del Partido Kadima, el premier ministro israelí, Ehud Olmert, confirmó el aumento de la asistencia militar de Estados Unidos a su país.
Según Olmet, la entrega de fondos prometida por su socio de fechorías y aventuras bélicas será de 30 mil 400 millones de dólares
Durante los próximos diez años, lo que rpresenta un incremento del 25 por ciento.
Israel es, además, uno de los más importantes importadores de armas de Estados Unidos. En la década pasada éste vendió al país 7 mil 200 millones de dólares en armamento y equipo militar provenientes de diversas fuentes suministradoras norteamericanas.
De esta forma, el Estado sionista ha logrado poseer la flota de aviones F-16 más grande del mundo fuera de Estados Unidos.
Este poderío militar ha sido y es utilizado e el exterminio indiscriminado de la población civil palestina, el asesinato selectivo de sus dirigentes, la destrucción de sus ciudades, aldeas, viviendas, hospitales, escuelas y cultivos, y en el sitio permanente a los territorios árabes ilegalmente ocupados en Gaza y Cisjordania.
Las bombas GBU-39, último regalo yanqui a Israel estarán destinadas a continuar el genocidio contra los palestinos, a las amenazas de utilizarlas contra Irán y Siria o nuevamente en el Líbano, pero no servirán jamás para firmar un acuerdo de paz justo, honorable y global en el Oriente Medio que ponga fin a uno de sus más largos y cruentos conflictos, porque las bombas de USA no sirven para esos fines.
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